Hay algo especial en el sonido que hace un cucurucho de helado al romperse entre los dientes justo después de probar la primera cucharada. Y aunque se trata de un elemento de lo más sencillo, este pequeño cono crujiente lleva más de un siglo acompañando al helado y transformando la manera de disfrutarlo. Su historia está llena de curiosidades, inventores que se disputan su origen y una evolución que lo ha llevado desde las primeras obleas hasta los originales conos artesanales que encontramos hoy.
¿Cuándo se inventó el cucurucho de helado?
Solemos asociar el nacimiento de estos conos con Estados Unidos y, concretamente, con la Exposición Universal de San Luis de 1904, pero lo cierto es que la historia del cucurucho de helado no tiene un único inventor confirmado. La Library of Congress recoge varias teorías y nombres vinculados a su aparición, entre ellos Charles E. Menches, Ernest Hamwi, Abe Doumar y otros vendedores que participaron en aquella exposición.
Además, existen antecedentes anteriores. En Europa ya se habían utilizado recipientes de papel o metal para servir helados y algunos libros de cocina franceses mencionaban conos comestibles décadas antes de 1904. En Reino Unido, por ejemplo, la cocinera Agnes Marshall publicó en 1888 una receta de «cornets» que podían rellenarse con crema, hielo o frutas.
Por eso, más que hablar de un descubrimiento repentino, podemos entender el cucurucho de helado como el resultado de distintas ideas que terminaron convergiendo.
El gran salto del cucurucho de helado artesanal
El año 1904 sí fue decisivo para popularizar el formato. Una de las historias más conocidas cuenta que Ernest Hamwi, que vendía unas obleas finas en la Exposición Universal de San Luis, enrolló una de ellas para ayudar a un vendedor de helados que se había quedado sin recipientes. Aquella combinación resultó práctica, comestible y, sobre todo, perfecta para comer mientras se paseaba.
El éxito del cucurucho de helado también respondió a una necesidad muy sencilla, la de poder disfrutar del helado sin cuchara ni recipiente. De esta forma, el postre pasó a convertirse en un alimento mucho más cómodo para consumir en la calle, durante un paseo o en una feria.
Pero no todos los protagonistas de esta historia estaban en la Exposición de San Luis. Italo Marchiony obtuvo en 1903 una patente estadounidense para un dispositivo destinado a fabricar recipientes comestibles con asas. La propia Library of Congress señala que su diseño no era exactamente el cono enrollado que asociamos hoy al cucurucho, pero demuestra que la búsqueda de nuevas formas de servir helado ya estaba en marcha.
De la simple oblea a los conos artesanales
Con el paso de las décadas, el cucurucho de helado dejó de ser únicamente un recipiente práctico para convertirse también en parte de la experiencia. Aparecieron diferentes tamaños, texturas y formas, desde los conos de oblea más sencillos hasta versiones decoradas y propuestas pensadas para acompañar helados artesanales.
Y aquí es donde el crujiente adquiere especial importancia. Porque un buen cucurucho de helado artesanal no debería limitarse a sostener las bolas. Sino que también aporta textura y contraste frente a la cremosidad del helado. Esa combinación es precisamente una de las razones por las que el formato continúa siendo tan popular.
El cucurucho de helado «se pasa el juego» en Via Lattea Trinidad
En Via Lattea Trinidad creemos que crear cucuruchos de helado artesanales también consiste en cuidar cada detalle. Nuestra historia comenzó en 2009 como un proyecto familiar y, con el tiempo, hemos seguido creciendo sin perder nuestra apuesta por la elaboración artesanal y los ingredientes naturales.
Actualmente elaboramos nuestros helados a diario en nuestro propio obrador, utilizando fruta de temporada, proveedores locales y productos seleccionados. Además, nuestra propuesta incorpora conos decorados y envases de fantasía que convierten cada helado en una experiencia irresistible, también a nivel visual.
Así que, la próxima vez que pidas un cucurucho de helado en nuestra heladería en Granada, recuerda que detrás de ese crujido tan cotidiano, hay más de cien años de historia, creatividad y tradición.
Si quieres descubrir nuestra manera de entender este clásico, te esperamos en nuestra heladería artesana en el corazón de Granada, donde seguimos elaborando helados cada día con el objetivo de que cada visita tenga un sabor especial.



